Los mejores momentos de El gran juego de la oca

Los sábados en los 90 no eran lo mismo si no veías El gran juego de la oca. A pesar de que el programa tuvo sólo dos temporadas, logró quedarse en nuestros corazones como el show de bailarinas provocativas, un idioma como el nuestro que no sonaba igual y cientos de miles de pesetas.

Ahora sé que el programa duraba dos horas, pero en esos días se sentía eterno, confuso y un tanto tedioso después un rato. No obstante, lo veía de inicio a fin y siempre que terminaba se me olvidaba que existía hasta que era sábado de nuevo.

Y de todo lo que pasaba ahí (porque pasaban muchas cosas al mismo tiempo siempre), estos son algunos de los mejores momentos del show español.

La entrada

No era realmente lo mejor, pero la ves y te transporta inmediatamente a la época. Si no cantaste y tu corazón no se aceleró, felicidades, no eres víctima de la cultura popular:

El mirador de la okettes

En sí, las okettes solitas se llevan gran parte del chou. No sólo eran uno de los atractivos principales, también tenían su propia casilla en la que, sí caías, tenías que verlas bailar y señalar el mínimo error que hubiesen tenido en la coreografía. Yo no tenía, pero me han notificado que era normal tener una consentida, ¿ustedes se enamoraron de alguna?

Beso o tortazo

De seguro no pudiste decir lo anterior sin pronunciarlo españolamente. En este juego, las guapas okettes pasaban a besar o cachetear a los concursantes, según lo tuvieran escrito en la espalda. Había algunas que sí se tomaban el papel muy en serio y terminaban dejando rojas las mejillas del cachetadón y no de labial, como les gustaría a todos.

Flequi

Estrés. Estrés de ver que la persona que cayó ahí tiene el cabello largo. Estrés de ponerte en su lugar y decidir si tú lo harías o no; preguntarte si los jugadores no se enojarán con la producción del chou por el resultado. Cómo olvidar a Flequi, el estilista del terror:

El pintacuerpos

Este juego en específico hizo que mi madre no me dejara ver el show un tiempo. Pero, bueno, mi madre es muy religiosa y acá está Maribel Verdú (sí, la de El laberinto del fauno) cortándose la playera para que le pinten el pecho, no la culpo.

Depilación

En esta casilla siempre caía un hombre (no es que todo estuviera planeado con esos dados controlados digitalmente por alguien en la producción) y era muy divertido ver cómo lo depilaban cuando respondía incorrectamente una pregunta. En esa época no había tanto problema de los roles y la equidad y lo políticamente correcto y sólo era gracioso porque era un hombre haciendo algo que, se supone, sólo las mujeres hacían.

 

Si viste todos los videos, ahora sabes que si sumas todos los números del tablero de la oca da 2016 y que mi mamá sí es muy mocha porque a Maribel Verdú ni se le ve nada. ¡Prueba superada! (Y si no, inserta el audio de un dude español gritando “¡animal, animal!”)

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